Los manifiestos de cuatro de las primeras vanguardias


A manera de contexto
Se les llamó Primeras Vanguardias a unos grupos de artistas de avanzada –librepensadores, bohemios e incomprendidos– que se atrevieron a enfrentarse al orden establecido de manera virulenta y con ánimo de ruptura total.
Los manifiestos fueron documentos públicos, escritos unos en lenguaje crudo y contundente, otros en lenguaje poético –pero todos provocadores y desafiantes–, que tenían por objeto servir de derrotero para orientar la actitud creativa de los artistas vanguardistas. En los mismos estaban asentados los principios filosóficos, los propósitos de actuación y las metas que perseguían las diferentes propuestas. Cada manifiesto propuso un estilo que se convirtió en su característica principal. Estilos que –la mayoría de las veces– nada tenían que ver con la estética establecida hasta entonces. “Los movimientos vanguardistas son más una actitud ante el arte que una estética, que abandonará la imitación de la naturaleza para centrase en el lenguaje de las formas y los colores. Es la hegemonía del inconsciente, de la reconstrucción mental de la obra.” (Molina, s.f., p. 3). 
Estas actitudes y reacciones tuvieron fundamento en acontecimientos que cambiaron de manera sustancial las condiciones políticas, económicas y sociales de la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX: La creación de la segunda y la tercera República Francesa (1848 y 1871 respectivamente), el Salón de los Rechazados de París (1863), la Primera Guerra Mundial (1914), la Revolución Industrial, la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, el psicoanálisis de Sigmund Freud, la fotografía y el Cine, entre otros.

El Futurismo y su Manifiesto
Este período vanguardista tiene vigencia desde 1909 hasta 1914, pero tuvo gran influencia en la creación del Dadaísmo, del Constructivismo ruso, del Surrealismo y sería el punto de referencia del arte de los años sesenta. El primer manifiesto futurista fue publicado en Le Figaro (periódico francés), el 20 de febrero 1909. Su autor fue el escritor italiano Filippo Marinetti que casi con un rigor dogmático no dudaba en afirmar que “un automóvil rugiente, es más bello que la Victoria de Samotracias” (Manifiesto Futurista, 1909, P. 1). El Manifiesto Futurista exalta la modernidad, lo tecnológico, lo mecánico, el ruido, y destaca las cualidades estéticas de los objetos industriales.
Al Futurismo se le acusa de haberse unido ideológicamente al fascismo italiano, cuyas ideas como la violencia extrema –que su manifiesto contiene– son coincidentes. Sus mayores exponentes fueron Giacomo Balla, Humberto Boccioni y Gino Severino.
Podríamos resumir el Manifiesto Futurista por medio de los conceptos como: velocidad, contraste, simultaneidad, disonancia, espontaneidad, dinamismo, disarmonía, impulsividad… contrario a los conceptos avalados por el arte anterior caracterizado, en la mayoría de los estilos, por el equilibrio, la estaticidad, y la armonía.
El Futurismo es adoración a la máquina, al automóvil, a los aeroplanos, a las armas, a las fábricas y a su hollín, al cine, a lo novedoso… al automatismo, a la fuerza, a la agresividad, a la aniquilación del pasado. El Futurismo cuestiona los valores heredados y se levanta contra la cultura anquilosada por siglos. Exalta la guerra, el militarismo y el patriotismo, para combatir así cualquier intento de regreso al pasado o de anquilosamiento.

El Dadaísmo y su Manifiesto
El movimiento Dadá se desarrolla entre 1915 y 1922 –después de la I Guerra Mundial–. Su creación se le atribuye a Tristan Tzara, en Zürich (Suiza). El movimiento Dadá surge como un rechazo a una sociedad que había generado algo tan atroz como la guerra. El Dadaísmo se caracterizó por promulgar la anarquía, lo aleatorio, el sinsentido, la contradicción, y por ir en contravía de los conceptos artísticos establecidos y de las normas sociales, morales y estéticas. Fue un movimiento anti-arte, cuestionador, radical y agresivo que consideraba que el arte convencional no tenía ninguna función social. “Contundente, destructor y provocador, basado en lo absurdo, lo elemental, lo casual y lo azaroso (la misma palabra dadá que designó el movimiento se escogió de modo arbitrario en un diccionario).” (Mora, 2013, P. 2). El Dadaísmo se opuso al concepto de razón, al futuro, a la cultura tradicional, a la lógica y a la moral.
Los más reconocidos exponentes del movimiento Dadá fueron Hans Arp, Francis Picabia (francés de origen cubano), Hans Richter (cineasta alemán), M. Ernst y el artista francés Marcel Duchamp (aunque también se le considera cubista y futurista), que propuso obras elaboradas con fragmentos de revistas, de elementos industriales y de objetos de desecho cotidiano, a los cuales denominó ready-mades y con las cuales, «al elevarlas a la categoría de obra de arte por el simple hecho de exponerlos en un museo bajo una firma y una fecha; trató de ridiculizar la veneración pasiva y poco crítica del público burgués.» (Referentes, s.f., p.1). Podríamos resumir el manifiesto Dadá como una negación del arte –»Toda obra pictórica o plástica es inútil» (Tzara, 1918, P. 4) – y de sí mismo, Dadá no muere porque Dadá no existe. «Dada no significa nada […] Todo sistema converge hacia una aburrida perfección, estancada idea de una ciénaga dorada, relativo producto humano. La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma porque la belleza ha muerto; ni alegre; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, no debe divertir ni maltratar a las personas […]. Una obra de arte nunca es bella por decreto, objetivamente y para todos.» (Tzara, 1918, P. 2). Dadá es una tendencia violenta que pretende contraponerse y eliminar todas las formas antecesoras a su visión. «El pensamiento es una bonita cosa para la filosofía, pero es relativo. […] No hay una Verdad definitiva. […] Yo estoy contra los sistemas: el único sistema todavía aceptable es el de no tener sistemas.» (Tzara, 1918, P. 6). El manifiesto Dadá promulga la libertad del hombre, la destrucción de las formas convencionales de arte y del mismo arte. El dadaísmo iba en contra del futurismo y de todas las otras vanguardias, a quienes criticaban duramente: «No reconocemos ninguna teoría.» (Tzara, 1918, P. 3). Desde la negación el Dadaísmo propuso la necesidad de comenzar desde cero, de hacer borrón y cuenta nueva, de liquidar lo existente, de reconstruir todo –incluso al hombre mismo–. «Después de la matanza todavía nos queda la esperanza de una humanidad purificada.» (Tzara, 1918, P. 2).

El Cubismo y su Manifiesto
Guillaume Apollinaire – 1913. Tal vez con sarcasmo, Apollinaire en el primer postulado del manifiesto describe como “virtudes” ciertas características que el movimiento cubista rechazó en el arte, y como este se concebía hasta el momento. Una reacción clara hacia el impresionismo, ya que principalmente el artista cubista consideró no tomar la naturaleza como objeto de representación literal y “retinista” de la realidad. Un concepto que ya Cézanne había cimentado en su propuesta pictórica, de la cual se afirma constituye el punto de partida e influencia del movimiento, y razón por la cual se considera al cubismo un arte mental, más que de representación por lo natural. En el segundo postulado Apollinaire contextualiza y describe lo que sucedía con el mundo en ese momento.
Estos dos enunciados quizá, sean el eje central que agrupan las ideas del documento; donde el autor manifiesta, cómo las “sensaciones” se revolvían con un caos producto de la guerra y la posguerra, y de acontecimientos puntuales como la industrialización. Es por eso que la propuesta pictórica cubista gira en torno a la representación de una realidad, donde el artista le apuesta a una unidad en la figura que no es compacta. El concepto de unidad es entendido como el producto de varios elementos que descompuestos forman cada uno un universo, lo que hace que el objeto representado deba ser observado y valorado desde varios ángulos, ópticas y perspectivas. El volumen, la luz y la sombra, son sustituidas por líneas y formas geométricas contrastantes y superpuestas, elementos que con rigor científico componen cada obra de este estilo.
Según el manifiesto “todos los objetos son iguales ante la luz”, pero estos al igual que los colores, pueden ser representados por el artista de forma subjetiva creando una nueva imagen. Es por eso que se le deja a “la fotografía, la función de reproducir la naturaleza”, mientras que el nuevo arte y sus artistas, se dedican a buscar una verdad y una realidad desde la imaginación, sin pretender necesariamente agradar, pero si generar sensaciones al espectador a través del contraste de las formas. Este efecto estético era buscado con rigor “el artista estudiaba el objeto como un cirujano un cadáver” así lo describe Apollinaire refiriéndose al caso puntual del artista español Pablo Picasso.
Si el estilo quería ser “puro” y pretendía desprenderse de toda escuela clásica, era necesario entonces, escrutar las bases del dibujo, donde si bien los conceptos de espacio y medida conservaban el mismo principio, los nuevos artistas encontraban en el desarrollo de un concepto geométrico, la base angular de una propuesta pictórica que no se quedaba, como lo manifiesta Apolloinaire, solo en la aplicación de las “tres dimensiones de la geometría euclidiana”. El artista cubista tenía la preocupación de llevar las medidas del espacio a un lenguaje figurativo, a una cuarta dimensión, donde “el espacio mismo, la dimensión infinita y la plasticidad de los objetos, le darían una justa proporción a la obra. Cabe aclarar que toda la propuesta se daría dentro del rigor de la forma y sin llegar a lo abstracto.
Es así como los nuevos artistas no pretender alcanzar proporciones ideales de belleza, “las obras son más cerebrales que sensuales, lo que se busca es expresar la grandeza de las formas metafísicas”. Este enunciado Apollinaire lo justifica afirmando que “los grandes poetas y los grandes artistas, tienen la misión social de renovar sin tregua las apariencias que reviste la naturaleza a los ojos de los hombres”. Seguidamente asegura que son los artistas y sus obras lo más rotundo que produce una época desde el punto de vista de la forma. Quizá Apollinaire se refiere a la forma como el medio por el cual la humanidad a través de la imagen se reconoce, y deja entrever que a pesar que la propuesta haya surgido en medio de la burla, del rechazo, y de ser considerada como una propuesta inverosímil por la sociedad en su momento, la obra o la imagen representada, terminan siendo una tendencia estética y hasta comercial, que la sociedad inconscientemente termina valorando y consumiendo.
El contenido del manifiesto permite evidenciar como la concepción estética, formal, y funcional del arte, de esta época en particular, cambiaria de manera significativa algunos de los canones artísticos, académicos y culturales hasta esos momentos establecidos. Si bien los temas representados podían seguir siendo los mismos, el elemento anecdótico y visual se eliminaría. El cubismo como lo afirma Apollinaire en su manifiesto, se diferenciaría de la antigua pintura por no ser un arte de imitación, sino de pensamiento, lo que llevaría al artista a la creación y representación de una realidad virtual e interior, a partir del conocimiento. Sin embargo como el mismo lo afirma: “no hay más que diversas épocas y diversas escuelas artísticas. Todas son respetables y según las ideas que nos hagamos de la belleza, toda escuela de arte es sumamente admirada, despreciada y nuevamente admirada”

El Realismo (Constructivismo) y su Manifiesto
Naum Gabo y Antoine Pevsner – 1920. Así como el movimiento cubista rechazó en su momento el estilo impresionista, el movimiento constructivista rechaza la propuesta cubista y ante todo el movimiento futurista. Naum y Pevsner critican y describen en gran parte de su manifiesto, como estos movimientos se quedaron rezagados en lo que ellos consideran “fijar en el lienzo un reflejo puramente óptico. Aseguran que “El cubismo que había partido de la simplificación de la técnica representativa, acabo por encallar en el análisis” y que “su resultado final no conduce más que a la misma representación superada, al mismo volumen superado y, una vez más, a la misma superficie decorativa”. Por su parte el futurismo es calificado casi como un fraude, un movimiento donde “la crítica demoledora a un pasado” no debió ser el único modo de construir un sistema artístico con pretensiones revolucionarias.
Si bien Naum y Pevsner arremeten de forma directa en particular con estos dos movimientos, también consideran que son las únicas escuelas que merecen ser tenidas en cuenta por una generación en la cual, por supuesto estos dos autores se incluyen y definen como contemporánea, o moderna. Por tal motivo uno de sus enunciados a manera de introducción dice: “nosotros, que sucedemos a los que entraron en la historia y poseemos los resultados de sus experiencias, sus errores y sus éxitos, después de años de experiencias semejantes a siglos, proclamamos:”
A partir de ese enunciado, el documento postula y hace pública, (como una doctrina al mejor estilo Ruso) una proclama que se convierte en ley y arenga; donde el artista del momento debe considerar que “todo es ficción, solo la vida y sus leyes son auténticas, y en la vida solo lo que es activo es maravilloso y capaz, fuerte y justo, porque la vida no conoce belleza en cuanto medida estética”. Cabe resaltar que este carácter o filosofía democrática en el arte está fuertemente ligada a una política socialista donde se lucha por la igualdad.
Para Naum y Pevsner la realidad no puede representarse desde “la abstracción, el espejismo o la ficción”, y sostienen: “la actuación de nuestras percepciones del mundo en forma de espacio y tiempo es el único objetivo de nuestro arte plástico”. Por tal motivo la propuesta no se basa ni en lo espiritual, ni en la belleza, ni el sentimiento, sino en la concepción del arte mediante un proceso de construcción tangible. Lo esencial del objeto es lo único que debe ser representado, ya que se considera que este constituye por sí mismo, un universo que no necesita “etiquetas” ni mayores intervenciones del artista. Sin embargo en el objeto deben poder actuar los diferentes elementos que le permitan integrase con el espacio.
Por tal motivo en el manifiesto, los autores proponen renunciar al color por considerarlo solo “una superficie óptica idealizada, una impresión exterior y superficial, un “accidente” que nada tiene en común con la esencia más íntima del objeto”. Seguidamente Afirman que “la tonalidad de la sustancia, es decir, su cuerpo material que absorbe la luz, es la única realidad pictórica”. Renuncian a la línea tradicional por considerarla solo un “elemento de ilustración gráfica” solo una decoración, Lo mismo sucede con el volumen el cual no consideran deba ser una forma pictórica y en cambio, plantean el concepto de “profundidad” como única forma espacial sobre todo en la escultura.
Se entiende entonces, que el uso de la línea del nuevo arte va en varias direcciones, y estas direcciones forman una profundidad que a su vez produce movimiento, pero este efecto es logrado por los mismos elementos que componen la obra y las fuerzas que sobre ellos actúan. Estas fuerzas pueden ser naturales o mecánicas. El efecto visual puede ser más representativo quizá en las obras plásticas y constituye lo que Naum y Pevsner consideran es base de la propuesta constructivista; “el ritmo cinético como reacción a los ritmos estáticos arraigados por las artes a través de la historia”.
El manifiesto es bastante “concreto” tanto en su forma como su contenido y es fiel a lo que plantea la propuesta pictórica y plástica de este movimiento el cual se caracterizó por representar y simbolizar lo moderno, a través “de estructuras geométricas y formas pesadas. Se desarrolló así, un arte abstracto que reflejó la maquinaria, la tecnología moderna, el “hoy” y el “hecho” como única premisa. El ideal de un arte que debe estar presente donde la vida transcurre y actúa, un arte producido desde lo cotidiano.

A manera de conclusión
En los manifiestos del Futurismo, el Dadaísmo, el Cubismo y el Realismo (Constructivismo) se percibe claramente el deseo, la necesidad y la fe que tienen los artistas de dichos movimientos en la originalidad, la innovación, el progreso, y, especialmente, en la transformación y mejoramiento de la Humanidad.
Sin duda alguna fueron las Vanguardias artísticas, generadas en los albores del siglo XX, las que, cumpliendo con el papel militar de una vanguardia, abrieron el camino de nuevas formas de arte, de nuevas técnicas y de nuevas maneras de expresión. Estemos de acuerdo o no con sus propuestas, nos gusten o no sus productos, debemos reconocer que estos movimientos acabaron con el inmovilismo del arte tradicional y fueron un grito de rechazo a la guerra, a la muerte de los valores y un canto de fe y de esperanza en el renacimiento de un hombre nuevo de entre las cenizas de ese atroz, pero a la vez trascendental momento histórico.

 

Referencias:
Manifiesto Cubista. Guillaume Apollinaire.1913. Tomado de: http://tecnne.com/wp-content/uploads/2013/01/TECNNE.-MANIFIESTO-CUBISTA.pdf
Manifiesto Futurista. (1909). Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Manifiesto_futurista
Manifiesto Realista o Constructivista. Naum Gabo y Antoine Pevsner. 1920. Tomado de: https://arteydisegno.files.wordpress.com/2010/02/manifiesto-realista-1920.pdf
Molina, M. et Al. (s.f.). Dadaísmo y Surrealismo – Claves de la historia del arte. Tomado de: http://myslide.es/documents/el-dadaismo-y-el-surrealismo.html
Mora, E. (2013). Vanguardias del Siglo XX. Tomado de: https://fbahistoriadelarteuaq.wordpress.com/2013/06/09/erik-mora-vanguardias-del-siglo-xx/
Rewald, S., (2004). Cubism. In Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art. Tomado de: http://goo.gl/xFIPi.
Términos. Constructivismo. Tomado de: http://www.portaldearte.cl/terminos/constructivismo.htm
Toda cultura. Constructivismo. Tomado de: http://www.todacultura.com/movimientosartisticos/constructivismo.htm
Tzara, T. (1918). Manifiesto Dadaísta. Tomado de: http://www.udc.gal/tempo/cuestions20/docs_dada02.html

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